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#Entrevista: ALBERTO VEIGA: «Las experiencias del día a día, tanto positivas como negativas, te van formando como persona y como entrenador»

Tiempo de lectura: 6 minutos

Hoy hablamos con un joven técnico murciano con experiencia dentro de los banquillos del futbol base, y en el fútbol senior, en el que ha entrenado en diferentes categorías.

Hablamos del trabajo, la experiencia en los banquillos de Alberto Veiga.

¿Quién es Alberto Veiga?

Soy una persona que ha vivido de la mano del fútbol desde que tengo uso de razón. Algo no habitual en casa, ya que tanto a mi padre como a mi hermano les ha gustado, pero ninguno de los dos ha tenido una verdadera afición por él.

El más cercano, y con el que sí compartía afición y pasión, fue mi primo José Pérez Veiga (Popy), también entrenador a día de hoy. Con él entendí que el fútbol podía ser algo más que jugar: podía ser enseñar, competir y formar.

Fui jugador hasta los 21 años y entrenador desde entonces hasta el día de hoy. Más allá de categorías o resultados, me considero un entrenador que cree en las personas antes que en los sistemas, y en el trabajo diario como única manera de competir de verdad.

Con solo 21 años ya estabas entrenando juveniles. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros pasos siendo prácticamente de la misma edad que tus jugadores?

Fueron momentos que se vivían con la inocencia de alguien que empieza nuevo en un banquillo. Tener la misma edad que ellos nunca fue un problema para mí, aunque he de reconocer que acompañaron varios factores en ese momento.

Uno de ellos fue que conocía a la gran mayoría, y fui muy claro en la diferencia que había entre la confianza fuera del campo y la que debía existir dentro.

Otro factor fue que el equipo era un equipo de barrio, que venía encajando varias goleadas consecutivas, y desde el primer partido empezamos a obtener resultados que no habían tenido antes. No solo victorias o empates, que también los hubo, sino competir partidos incluso contra el líder, con el que, por poner un ejemplo, se perdió 1-2.

Los entrenamientos también fueron parte de ganarme ese respeto que necesitas para tener al grupo de tu lado, aunque fueras joven. Venían de un entrenador con un método bastante antiguo, con mucho entrenamiento físico y poco balón, y por ahí empezamos un cambio que después, acompañado de otros factores, se vio reflejado en resultados.

Ahí tengo que decir que el haber tenido grandes entrenadores en mi época de jugador lo hace algo más «fácil», ya que tienes la experiencia de ver cómo trabaja gente con un nivel alto en lo que a gestión de equipos se refiere.

Durante 12 años has entrenado exclusivamente en categoría juvenil. ¿Qué te atrapó de esta etapa tan especial del fútbol base?

Tuve la suerte de empezar en una categoría en la que durante mucho tiempo me sentí como pez en el agua. Era una época en la que todavía se inundaban las pistas de las calles de chavales jugando al fútbol; se tenía pasión por ello y eso, acompañado de la suerte de pasar por buenos clubes de esta región, hizo que fuera creciendo de la mano de varios grupos que, aparte de ser buenos equipos a nivel deportivo, lo eran aún más a nivel humano.

La categoría juvenil es una etapa en la que ya puedes hablarle claro al jugador. Me considero un entrenador competitivo, y el juvenil es un momento en el que ya puedes demandarle al jugador no solo que compita los fines de semana, sino que compita por un puesto en cada entrenamiento.

Entrenar a chicos que en muchos casos eran amigos tuyos, ¿cuál fue el mayor reto a la hora de marcar roles y autoridad?

En aquel momento me apoyé mucho en los capitanes. Al final eran chicos que venían de pasarlo mal y veían que, si se cambiaban algunas cosas y se lo tomaban más en serio, podían darle sentido a entrenar por aquel entonces tres días a la semana y así cambiar la situación.

A veces, sentar a un “amigo” era un aviso para todos de que las amistades son de la puerta hacia afuera; de la puerta hacia dentro, ellos eran los jugadores y yo el entrenador.

También en alguna charla les hice ver lo difícil que es tomar decisiones en esos casos, pero al final siempre iba a tomar la decisión que creyera que era mejor para el grupo.

¿Crees que empezar tan joven te hizo aprender más rápido o te obligó a madurar antes de tiempo como entrenador?

Sin ninguna duda. Empezar tan joven me obligó a madurar antes de tiempo. Las experiencias del día a día, tanto positivas como negativas, te van formando como persona y como entrenador.

Aprendes de los aciertos, pero sobre todo de los errores, y entiendes pronto que en un banquillo no vale con tener buenas ideas: hay que saber gestionar personas, momentos y emociones. Si no hubiera empezado tan joven, hoy no entrenaría igual.

¿Cómo ha cambiado tu forma de gestionar el vestuario juvenil desde tus primeros años hasta ahora?

En esencia, sigo siendo el mismo, aunque con muchos más recursos. Al principio me guiaba más por la intuición y las ganas; hoy me apoyo mucho más en la experiencia y en la lectura del grupo. El tener entrenadores de nivel en mi etapa de jugador, como haber jugado en categorías como División de Honor, suma a la hora de formarte a una edad tan temprana.

De cada uno fui cogiendo cosas, adaptándolas a mi forma de ser y sumándolas a mis propias ideas. De ahí nace, con el tiempo, tu propio sello como entrenador.

Todo ello con la suma de los 3 niveles de entrenador, que también te enseñan que siempre estás a tiempo de aprender algo nuevo cada día.

¿Qué importancia tiene la confianza y el respeto mutuo en una categoría donde los jugadores ya se sienten casi adultos?

Toda. Es una edad muy difícil y, si no tienes respeto tanto hacia la figura del entrenador como entre ellos mismos, estás perdido.

Después de 12 años, he llevado equipos que a priori eran equipos top y no conseguimos objetivos, y también equipos con los que nadie contaba y que a final de año terminaron consiguiendo lo que nadie esperaba. La diferencia es justo lo que menciona esta pregunta: el respeto mutuo y la confianza, claves ambas para darle significado a la palabra EQUIPO.

Después diste el salto al fútbol sénior, donde llevas cinco años. ¿Qué fue lo que más te sorprendió de ese cambio?

En mi primera experiencia no noté una gran diferencia en la gestión del grupo, ya que llevaba a varios jugadores que ya había entrenado en juveniles y era un equipo a coste cero a nivel económico.

Lo que más me sorprendió fue competir contra hombres con mucha experiencia, donde la veteranía pesa y los partidos se deciden por detalles mínimos. Ahí te das cuenta de que cada error se paga caro y de que la gestión de los momentos del partido es tan importante como el planteamiento inicial.

¿Qué aprendizajes del juvenil te han servido más en el fútbol sénior?

Qué el fútbol es hoy. Lo que un año funciona, al siguiente puede no servirte. Eso te obliga a formarte, renovarte y no vivir nunca de lo que ya hiciste.

Lo aprendido en juveniles me enseñó que si no convences al jugador, no compites; y eso en fútbol sénior se paga el doble. Hablo tanto de aspectos técnico-tácticos como de la gestión de la plantilla y del día a día.

Mirando atrás, ¿qué te ha resultado más complicado: gestionar juveniles con edad cercana a la tuya o un vestuario sénior?

Gestionar un vestuario sénior es complicado, pero he de reconocer que la adolescencia es una de las edades más difíciles, si no la que más, a la hora de convencer a un grupo de una idea, de generar respeto, compañerismo y muchas otras cosas necesarias para que las cosas vayan bien, independientemente de que el entrenador sea más o menos joven.

Con 38 años y toda esta experiencia acumulada, ¿cómo definirías hoy al entrenador que eres?

Me baso en el esfuerzo, el sacrificio, la dedicación y la confianza con el jugador para poder llegar a convencerle de que lo que le pido es lo mejor para el equipo. Creo que es la única manera de hacerles ver que la idea que vas a poner en práctica es la idónea para todos.

En mi opinión, puedes ser tácticamente el mejor entrenador del mundo, pero sin la confianza de los jugadores no somos nadie.

Para terminar, desde una trayectoria tan temprana y real, ¿qué significa para ti el Fútbol Verdadero y por qué crees que es importante dar voz a estas historias?

Hoy en día, por decirlo de alguna manera, solo tienen altavoz los que están arriba: el fútbol profesional. De ahí que sea tan importante que existan iniciativas como Futbolverdadero.

Primero, porque hay muy pocas iniciativas como esta, lo que la hace aún más especial; y segundo, porque el fútbol base y el fútbol amateur también tienen historias que contar, además de servir para compartir experiencias y vivencias con compañeros de este mundo.

Enhorabuena por lo que hacéis, sois únicos.


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