Mi opinión, desde mi experiencia de exportero y entrenador de porteros.
Hay una frase que cada vez escucho más en campos, canteras, pruebas y conversaciones de fútbol base:
“Ese portero interesa, es alto.”
Y claro, uno que ha sido portero, que lleva más de 20 años entrenando porteros y que ha visto casi todo bajo palos, se queda pensando:
“Vale, es alto… ¿pero para?”
Porque parece que, en el fútbol actual, la altura se ha convertido casi en el primer filtro. Antes de mirar si el portero compite, si decide bien, si tiene personalidad, si sostiene al equipo, si domina el área o si transmite seguridad, muchas veces se mira primero la talla.
Y no voy a negar la realidad: la moda de la altura ha llegado para quedarse. El fútbol ha cambiado, los cuerpos han cambiado, los ritmos son más altos, los centros llegan más fuertes, las áreas se atacan con más gente y el portero moderno necesita presencia física.
Pero una cosa es aceptar que la altura ayuda, y otra muy distinta es creer que solo por ser alto ya tienes portero.
Ser alto es un plus, pero no es una garantía
Vamos a decirlo claro: ser alto ayuda. Ayuda en centros laterales, en juego aéreo, en balones divididos, en presencia dentro del área, en tapar portería y en muchas situaciones donde el físico marca diferencias. Negarlo sería absurdo.
Pero igual de absurdo es pensar que un portero, por medir mucho, ya está hecho. He escuchado demasiadas veces aquello de:
“Este es alto, nosotros ya le haremos portero.”
Y luego ves al chico entrenar o competir y no coordina, llega tarde, no entiende el juego, se cae mal, vive solo del instinto o simplemente para porque es grande, no porque sepa parar. Y claro, durante una temporada, dos como mucho, se le aguanta por el famoso “potencial”. Hasta que un día deja de interesar, causa baja y aparece otro más alto.
Eso también hay que decirlo.
Porque se puede entrenar casi todo: la técnica, la colocación, el juego de pies, la coordinación, la lectura, la fuerza, la valentía, la toma de decisión… pero entrenarlo no significa que automáticamente ese portero vaya a ser mejor que otro solo porque mide más.
La altura no aprende por ti.
La altura no decide por ti.
La altura no compite por ti.
La altura no para por ti.
Y al final, el portero está para lo que ha estado toda la vida: para evitar goles.

Lo primero que debe hacer un portero es parar
A veces nos complicamos demasiado.
Que si el portero moderno, que si la salida de balón, que si el perfil corporal, que si el tercer hombre, que si atraer, que si jugar como un central más… Todo eso está muy bien, y además es necesario trabajarlo. El fútbol avanza y el portero debe avanzar con él.
Pero cuidado con olvidarnos de lo básico.
Lo primero que deberíamos pedirle a un portero es que pare. Que sostenga al equipo. Que no le metan goles fáciles. Que aparezca cuando el partido lo necesita. Que dé puntos. Que transmita seguridad. Y una vez cumple eso, todo lo demás es bienvenido.
Si además juega bien con los pies, mejor. Si además mide 1,90, mejor. Si además domina el área, mejor. Si además tiene personalidad, mejor.
Pero el orden importa. Porque un portero puede tener muchas virtudes modernas, pero si no para, si no compite, si no resuelve, si no evita goles, entonces tenemos un problema.
Grandes porteros que hoy quizá habrían sufrido el primer filtro
Conviene recordar algo. En España hemos tenido porteros profesionales, internacionales y de enorme prestigio que hoy, probablemente, en muchas pruebas de cantera, habrían recibido la típica frase:
“Buen portero, pero le falta talla.”
Miguel Ángel González, leyenda del Real Madrid e internacional con España, además de mi ídolo, aparece registrado con 1,74 m en la web oficial del Real Madrid. Juan Carlos Ablanedo, histórico del Sporting de Gijón, internacional y campeón de Europa sub-21 con España, figura con 1,77 m en datos de la RFEF. Abel Resino, portero del Atlético de Madrid, internacional con España, Trofeo Zamora y dueño de un récord histórico de imbatibilidad en Liga, tampoco fue precisamente el perfil gigante que hoy parece buscarse en muchas canteras.
Y alguno me dirá:
“Ya, pero eran otros tiempos.”
Correcto. Eran otros tiempos. El fútbol era diferente, los entrenamientos eran diferentes, los delanteros eran diferentes y la preparación física también… a correr y subir cuestas¡¡¡
Pero hay una cosa que no ha cambiado:
La portería sigue midiendo lo mismo.
El campo sigue midiendo lo mismo.
Y el balón sigue entrando o no entrando.
El fútbol ha evolucionado, sí. Pero la esencia del portero no ha desaparecido.
Ni muy alto, ni muy bajo: efectivo.
Para mí, cualquier captador, entrenador o profesional de la portería debería tener una idea clara:
Un portero no tiene que ser ni muy alto ni muy bajo. Tiene que ser EFECTIVO.
Esa es la palabra para mi: efectivo.
Efectivo es el portero que para. Efectivo es el que toma buenas decisiones. Efectivo es el que sabe cuándo salir y cuándo quedarse. Efectivo es el que no se desconecta. Efectivo es el que compite, aunque no tenga el físico ideal. Efectivo es el que mejora al equipo.
Porque al final, esto va de rendimiento. Y el rendimiento no siempre coincide con el molde físico que alguien tiene en la cabeza.
He visto porteros “estándar”, de 1,78 m o poco más, mucho mejores que otros de 1,90 m. Más rápidos, más valientes, más inteligentes, más competitivos y con más capacidad para dar puntos. Y también he visto porteros altos buenísimos, por supuesto. La altura no es el problema.
El problema es cuando la altura se convierte en el único argumento.
En igualdad de condiciones, claro que prima el más alto
También hay que ser honestos.
Si tienes dos porteros con el mismo nivel técnico, misma mentalidad, misma lectura, misma personalidad, misma capacidad de entrenamiento y misma efectividad, normalmente el más alto tendrá ventaja. Eso lo entiende cualquiera.
En igualdad de condiciones, el físico suma. Y en una cantera profesional, donde se busca proyección a medio y largo plazo, es lógico que se valore mucho el perímetro físico: altura, envergadura, potencia, coordinación, velocidad, estructura corporal…
Las canteras profesionales buscan jugadores que puedan llegar a primer equipo, filial o fútbol profesional. Y ahí la talla pesa. Eso hay que entenderlo.
Pero una cosa es entenderlo y otra es justificarlo todo, incluso a veces engañar. ¡No todo vale!
Porque muchas veces no estamos hablando de igualdad de condiciones. Estamos hablando de descartar a un portero que para, que compite y que es mejor hoy, por otro que simplemente mide más y quizá algún día llegue a ser algo.
Y ahí el captador también se puede equivocar, y si de porteros y portería entiende “cero” el batacazo es grande.

Las excepciones siempre molestan a la estadística
Cuando aparece un portero de menos talla que llega arriba, muchas veces se le coloca rápido la etiqueta:
“Ese es una excepción.”
Casillas, David Raya, Dani Jiménez… y tantos otros perfiles que, sin ser gigantes, han competido o compiten a gran nivel.
Claro, son excepciones. Pero curiosamente, cuando interesa justificar una decisión, todo lo que rompe el molde se llama excepción, y todo lo que encaja en la moda se llama estadística.
Y no siempre es tan sencillo.
Porque detrás de muchas “excepciones” hay una realidad: eran porteros muy buenos. Muy efectivos. Muy competitivos. Porteros que paraban, que entendían el juego, que tenían personalidad y que no necesitaban medir 1,95 para dar rendimiento.
Por eso, descartar de forma automática a un portero de 1,80 m, especialmente en fútbol base, me parece peligroso. Otra cosa es que, para determinados contextos profesionales, se busque un perfil físico concreto. Pero descartar sin mirar el rendimiento, sin valorar el crecimiento, sin analizar el contexto y sin observar al portero de verdad, es reducir la portería a una cinta métrica.
Y la portería es bastante más que eso.
Cuidado con jugar a médicos mirando al padre
Hay otra cosa que me preocupa y veo a diario.
A veces se ficha o se mantiene a un portero porque “el padre es alto” o porque “parece que va a pegar el estirón”. Y se le tiene tres o cuatro temporadas esperando ese supuesto crecimiento. Luego no llega lo que se esperaba, o el portero no evoluciona como se pensaba, y se le da la baja.
Eso, además de injusto, es poco serio.
Si una cantera profesional va a tomar decisiones importantes por proyección física, debería apoyarse en pruebas médicas, estudios de crecimiento, valoración real y criterios profesionales. No en mirar al padre, al abuelo o en decir “este tiene pinta de hacerse grande”.
Ese tipo de “ciencia de pasillo” puede traer problemas.
Porque hablamos de niños y adolescentes. Hablamos de ilusión, de autoestima, de procesos de formación y de decisiones que pueden marcar mucho a un chico. No se puede vender un futuro solo por una altura que quizá llegue o quizá no.
A los porteros de menos talla: no dejéis de intentarlo
Y ahora me quiero dirigir directamente a esos porteros que escuchan una y otra vez:
“Eres bueno, pero te falta altura.”
No dejéis de intentarlo por favor¡¡
Quizá no lleguéis a Primera División. Puede ser. Pero eso también les pasa a miles de porteros altos. No todo el mundo llega a la élite, mida lo que mida.
Pero tu fútbol puede estar en una categoría muy buena. Puede estar en Primera RFEF, Segunda RFEF, Tercera RFEF, División de Honor, fútbol semiprofesional o en un club donde seas importante, respetado y feliz compitiendo.
No todo son canteras profesionales.
No todo es Primera División.
No todo es la etiqueta que te ponen con 14, 15 o 16 años.
Si eres portero, trabaja. Mejora. Compite. Sé fiable. Sé fuerte mentalmente. Aprende a conocerte. Potencia tus virtudes y reduce tus defectos. Si no tienes tanta altura, tendrás que ser mejor en otras cosas: colocación, rapidez, lectura, desplazamiento, blocaje, juego de pies, valentía, comunicación y personalidad.
Pero no te rindas solo porque alguien te midió antes de verte parar.
Mi Conclusión: medir no es evaluar
La altura importa. Sí. La altura suma. Sí. La altura ha llegado para quedarse. Sí. Pero ser portero no puede reducirse a medir mucho.
Porque al final, cuando el delantero se queda solo, cuando hay un centro al segundo palo, cuando el equipo sufre, cuando el partido está 0-0 y aparece una mano abajo imposible, nadie pregunta cuánto mide el portero.
Se pregunta otra cosa:
“¿La ha parado?”
Y esa, aunque algunos lo olviden, sigue siendo la pregunta más importante. Porque ser alto para ser portero está muy bien…
y lo de parar, ya veremos.
Luis Jose Ruiz Serrano
EdP Cantera Rayo Vallecano de Madrid

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