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Entrevista
LUIS MARTÍNEZ: 25 AÑOS DE SUPERACIÓN, SACRIFICIO Y PASIÓN POR EL FÚTBOL MODESTO
Por futbolverdadero

Luis Martínez lleva 25 años dedicado al fútbol modesto, superando obstáculos y persiguiendo un sueño que nació de su pasión por este deporte. En esta entrevista hablamos de sacrificio, familia, superación y de la realidad del fútbol base. Una historia que demuestra que detrás de cada entrenador hay mucho más que fútbol.
Para empezar, preséntate a los lectores de Futbolverdadero. ¿Quién eres, cómo comenzó tu relación con el fútbol y qué te ha llevado a dedicar 25 años de tu vida al fútbol no profesional y de base?
Soy Luis Martínez. Mi afición por el fútbol comenzó a los seis años, cuando «obligué» a mi padre a comprar una televisión en color para poder ver el Mundial de 1982, el Mundial de Naranjito, como lo llamaba yo.
Mi constitución física nunca me ha permitido jugar al fútbol federado, ya que en mis años no existían las escuelas de fútbol base, sino que jugaban aquellos a quienes elegía el entrenador entre los compañeros que querían representar a su pueblo. Así que me tocó ver el fútbol desde la barrera.
Llegué a tener obesidad mórbida, por lo que jugar era un reto imposible. Cuando la medicina me ayudó a alcanzar unas medidas más cercanas a la normalidad, ya tenía una edad en la que resultaba imposible empezar.
Así que decidí intentar entrar en el mundo del fútbol desde la perspectiva de entrenador. No ha sido fácil, pero cuando uno persigue un sueño tiene una fuerza interior capaz de derribar muchos muros.
Veinticinco años dan para muchísimas historias. Si echas la vista atrás, ¿qué significa para ti todo este camino y qué ha sido lo más importante que te ha aportado el fútbol?
Para mí significa cumplir una promesa que le hice a mi difunto padre: ser el primer entrenador del equipo de mi pueblo, en el que no había podido jugar de forma federada.
No he podido cumplir ese objetivo exactamente como me habría gustado, pero sí he conseguido convertirme en entrenador, que era el objetivo principal, pese a los múltiples obstáculos que me encontré por mi condición física y los prejuicios que esta conllevaba.
Lo más importante ha sido la cantidad de dosis de superación que he tenido que emplear y las amistades que conservo desde que empecé a entrenar. Hablo de jugadores, entrenadores, árbitros, directivos y muchas otras personas. Creo que eso es lo más preciado de haber entrado en este mundo.
En tu libro hablas de la persecución de un sueño. ¿Cuál era ese sueño cuando empezaste y cuánto has tenido que sacrificar para intentar conseguirlo?
Como te comentaba en la respuesta anterior, mi sueño era convertirme en entrenador de fútbol y poder ser el primer entrenador del primer equipo de mi pueblo, Tauste, en Zaragoza, después de no haber podido jugar allí de forma federada.
Pude cumplirlo en partidos sueltos, sustituyendo al entrenador titular cuando se ausentaba, pero siempre me quedará la espina de no haber sido elegido para dirigir al equipo durante una temporada completa.
Aun así, han ido apareciendo otros objetivos que he conseguido cumplir, como entrenar en categorías de máximo nivel dentro del fútbol formativo, como División de Honor Cadete y Liga Nacional Juvenil.
En cuanto al sacrificio, lo primero fue que, debido a mi condición física, tuve que prepararme durante todo el verano para superar la prueba de resistencia de acceso al curso de entrenador. Era algo que casi nadie necesitaba hacer, pero que, en mi caso, suponía un reto importante sin una preparación específica.
En la primera convocatoria sufrí una lesión en el pubis durante la prueba de velocidad y pasé todo el verano acudiendo al fisioterapeuta, con sesiones de gancho para eliminar adherencias, algo bastante doloroso. Gracias a Guillermo Aladrén, pude seguir adelante y finalmente superar las pruebas de acceso.
Para mis compañeros fue algo rutinario, pero a mí me costó un gran esfuerzo. El sacrificio ha sido grande, pero merece la pena. Sacrificas mucho tiempo de tu vida, aunque, cuando echas la vista atrás, lo recuerdas con satisfacción.
Muchas veces vemos al entrenador únicamente durante los 90 minutos del partido. Pero detrás hay una persona, una familia, un trabajo y una vida personal. ¿Cómo ha afectado tu vida personal a tu manera de entrenar y a tu rendimiento como responsable de un grupo?
La manera de entrenar viene determinada por tu personalidad. No vas a dirigir un grupo de la misma manera si eres un joven soltero de 25 o 30 años que si eres un hombre de 40 años con pareja e hijos. La forma de ver la vida es distinta y eso se refleja en tu manera de entender el fútbol y el entrenamiento.
Personalmente, mi forma de ver las cosas cambió cuando me casé, porque ya tenía a alguien en casa esperándome cuando volvía de entrenar, tanto con enfados como con alegrías.
Pero el mayor cambio llegó cuando fui padre, al mismo tiempo que entrenaba en División de Honor Cadete en un equipo que luchaba hasta el final por salvar la categoría.
Ya no tratas a tus jugadores de la misma manera. Cuando eres joven, los tratas más como un hermano mayor. Cuando tienes tu propia familia e hijos, pasas a comportarte como un padre deportivo.

¿Alguna vez has sentido que el fútbol te estaba quitando demasiado tiempo de otras cosas importantes de tu vida? ¿Ha habido momentos en los que te hayas planteado dejarlo?
Cuando te casas, convives en pareja o tienes hijos, empiezas a darte cuenta de que hay tiempo que dedicas al fútbol y que podrías emplear en estar con tu familia.
En mi caso fue algo superlativo. El año anterior a casarme decidí adquirir experiencia y, además de entrenar a un equipo infantil, me incorporé como segundo entrenador al primer equipo, que militaba en Regional Preferente.
Mi esposa lo notó porque sacrificábamos mucho tiempo para estar juntos. Los sábados tenía partido con un equipo y los domingos con el otro. Fue muy duro para ella.
Además, aunque no le gusta el fútbol, puedo presumir de haber tenido mucha suerte al encontrarme con ella, porque su comprensión fue mayor de la que esperaba.
La verdad es que he sido un entrenador al que el fútbol le ha absorbido mucho tiempo. Sin embargo, creo que poco a poco he ido mejorando en la administración del tiempo, algo fundamental para la salud mental del entrenador.
En cuanto a dejarlo, la verdad es que sí me lo he planteado. De hecho, llegué a dejarlo en dos ocasiones, aunque ninguna de las dos veces estuve alejado del fútbol más de un mes.
La primera fue al final de la temporada 2015-2016. Dejé el CD Tauste porque me había mudado a una localidad situada a 25 kilómetros tras mi matrimonio. Además, el ambiente generado por algunos padres de determinados equipos me llevó a tomarme un tiempo para oxigenar la mente.
Sin embargo, la EFB Ejea, el club de la localidad a la que me había mudado, no tardó en llamarme para entrenar a su primer equipo cadete, con el objetivo de ascender de categoría. El proyecto me atrajo y volví a los banquillos.
La segunda ocasión fue al final de la temporada 2023-2024. Me retiré definitivamente porque quería dedicar más tiempo a mi familia. Pero, a los 20 días, me llamaron del club del pueblo de mi mujer. Necesitaban un entrenador y, de lo contrario, no podían inscribir al equipo. Me pidieron ayuda.
Después de haberme retirado, con partido homenaje y entrega de placa, ¡voy y vuelvo! A eso se le llama tener todavía el gusanillo del fútbol dentro. Y allí sigo.
Ser entrenador de fútbol modesto implica muchos sacrificios que no siempre se ven desde fuera. ¿Crees que la sociedad y, en ocasiones, incluso los propios clubes, valoran realmente el trabajo que hay detrás de un entrenador?
Para nada. De hecho, muchos clubes valoran la contraprestación económica de los entrenadores en función de las horas de entrenamiento y de los partidos, sin tener en cuenta las horas que se invierten en casa: planificación de temporadas, planificación semanal, estudio de rivales, etc.
Existe una diferencia de trato entre el fútbol base y el fútbol amateur que no tiene sentido. Por ejemplo, no tiene lógica que entrenadores de equipos de División de Honor Cadete, que se enfrentan a los mejores equipos de la región en categoría cadete, reciban entre 200 y 250 euros al mes, mientras que entrenadores de equipos de Primera Regional perciban cantidades de 600 o 700 euros mensuales, como mínimo.
Estamos hablando de equipos regionales. Hay una diferencia de trato abismal. La exigencia es similar y, sin embargo, el trabajo del entrenador está remunerado de manera muy diferente.
El trabajo es el mismo, pero parece que el fútbol base está considerado de otra manera. Javier Gracia, exentrenador del Villarreal, entre otros equipos, decía: «Los mejores entrenadores deben estar en el fútbol base». Estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación.
En tu trayectoria habrás vivido victorias, derrotas, ascensos, decepciones y momentos difíciles. ¿Cuál ha sido la experiencia que más te ha hecho crecer como entrenador y como persona?
Claramente, ha habido dos experiencias que me han marcado.
La primera fue en mi segundo año en División de Honor Cadete con el CD Tauste. Competíamos contra numerosos equipos de Zaragoza capital con una plantilla confeccionada a última hora y que, a priori, era débil.
Nos jugábamos todo en la última jornada, con varios equipos disputándose la permanencia en diferentes campos al mismo tiempo. En un partido loco, como visitantes, conseguimos empatar a cuatro goles después de ir perdiendo por 3-1 a falta de cinco minutos.
Puedes imaginarte la ebullición que se vivió cuando terminó el partido y llegaron las noticias de lo que había sucedido en los demás campos.
Después de una temporada en la que casi siempre estuvimos en puestos de descenso y en la que algunos padres dejaron de confiar en nosotros, aquello te afecta.
Cuando conseguimos el objetivo, solo tenía ganas de besar la barriga de mi mujer, porque nuestra hija iba a nacer dos meses después. No me quedaban ganas de nada más que de llorar.
La segunda experiencia tuvo lugar en un club modesto de Primera Regional. Fue un año de transición muy duro, en el que parte de la plantilla dejó de confiar en mí y comenzó a buscar, a mis espaldas, medidas ante la Junta Directiva. De aquella etapa conservo, por cierto, un gran amigo dentro de la directiva.
Aquella situación desembocó en una crisis de ansiedad que me llevó a presentar la única dimisión de mis 25 años como entrenador.
Lo que quiero decir es que no solo cambias como entrenador, sino también como persona. Estas situaciones las sufres personalmente y, al mismo tiempo, también las sufren quienes tienes a tu alrededor.
Ver a mi hija, con su curiosidad infantil, preguntarme por qué estaba siempre triste me hizo replantearme muchas cosas.
Como entrenador, estas experiencias me hicieron crecer, pero, como persona, me enseñaron a relativizar el fútbol y la vida.

¿Cómo cambia un entrenador después de 25 años? ¿Qué cosas pensabas cuando empezaste que hoy ves de una manera completamente diferente?
Cuando empecé como entrenador, pensaba que todo consistía en conocer muchas tareas, cada vez más complejas, saber mucho de táctica y saber exprimir a los jugadores.
Con el paso de los años me he dado cuenta de que, al principio, era simplemente un alineador. No tenía en cuenta el entrenamiento invisible, es decir, la situación personal de cada jugador. No dirigía un grupo, sino que me limitaba a dirigir un equipo de fútbol.
Sobre todo en el fútbol base, debemos formar. Me he encontrado con jugadores que, a pesar de haber jugado en Tercera División, no sabían colocarse ante un saque largo del portero, entre otras situaciones del juego.
En los últimos años he dado mucha importancia a la comunicación y a la dirección de grupos. Son aspectos fundamentales que afectan directamente al rendimiento del equipo.
El fútbol base debería ser también una escuela de vida. ¿Qué valores crees que debe transmitir un entrenador a sus jugadores más allá de la táctica, la competición y el resultado?
Creo que el entrenador debe transmitir, ante todo, educación. El fútbol base está formado por escuelas de fútbol que no deberían llevar ese nombre únicamente, sino que también tendrían que contar con una auténtica filosofía de escuela.
Además de los aspectos futbolísticos, el entrenador debe aportar conocimientos relacionados con la psicología, la motivación y, como digo, la educación dentro y fuera del campo.
El fútbol base es fútbol formativo y debe centrarse en formar. El rendimiento competitivo debería dejarse para las categorías en las que corresponda.
También tienen mucha responsabilidad los clubes, que establecen objetivos deportivos más cuantitativos que cualitativos. Esto perjudica la formación del joven futbolista.
Asimismo, hay que enseñar a competir, pero de forma sana, intentando ser mejor que uno mismo cada día y no vivir pendiente de ser mejor que los demás.
¿Qué papel deberían tener las familias, los clubes y los propios entrenadores para conseguir que los niños y jóvenes disfruten realmente del fútbol y se formen como personas?
Lo primero es diferenciar qué esperan los distintos estamentos del fútbol base.
Las familias deben esperar que sus hijos se formen, maduren socialmente y creen relaciones sólidas mientras aprenden a JUGAR a un deporte. Porque el fútbol es un juego en el que, normalmente, se pierde más veces de las que se gana.
En cuanto a los clubes y los entrenadores, deben priorizar la formación y no la competición temprana. Si se prioriza la formación, los jugadores podrán alcanzar mejor los objetivos cualitativos. Además, los entrenadores podrán trabajar todos los contenidos sin prisas ni exigencias de rendimiento inmediato.
Desgraciadamente, en los clubes de fútbol base abundan los objetivos de ascensos, campeonatos y permanencias desde el principio de la temporada, no solo en los primeros equipos, sino también en el resto de las categorías.
Esto desemboca en un mercadeo de jóvenes futbolistas de un club a otro que puede provocarles inestabilidad emocional, algo sobre lo que deberíamos detenernos a reflexionar.
Vemos en el campo jugadores de fútbol y no niños que practican un deporte que les gusta. Y, en mi opinión, ese es un gran error.
Has decidido contar tu experiencia en un libro autobiográfico. ¿Qué te impulsó a escribirlo y qué te gustaría que sintiera o aprendiera un entrenador cuando termine de leerlo?
Lo que me impulsó a escribirlo fue pensar que me habría gustado que los jóvenes que empiezan este camino pudieran conocer de antemano lo que supone en términos de sacrificio y salud.
A mí me habría gustado encontrar un libro de este tipo, escrito por un entrenador modesto y no por alguien famoso, que me explicara a qué tendría que renunciar y qué podría llegar a conseguir.
Yo no tuve la suerte de encontrarlo, así que quería ofrecer esa posibilidad a otras personas.
En 2020, cuando me sometí a una cirugía bariátrica, también me habría gustado encontrar vídeos que explicaran todo el proceso. Por eso, después de la intervención, creé un canal de YouTube en el que contaba mi experiencia.
Siempre he sentido la necesidad de ayudar a otras personas que estén pasando por situaciones similares a las que yo he vivido y para las que, en su momento, no tuve esa ayuda o no supe encontrarla.
¿Qué opinión te merece Fútbol Verdadero y su apuesta por dar voz a entrenadores, jugadores, clubes y personas que forman parte de ese fútbol que muchas veces no aparece en los grandes focos? ¿Crees que hacen falta más espacios que hablen del fútbol real, del fútbol de base y del fútbol no profesional?
La palabra que lo resume es necesaria. Es necesario que exista un punto de encuentro para los entrenadores del fútbol modesto, alejados de los grandes clubes y las grandes academias, donde todo resulta algo más fácil en cuanto a recursos.
Futbolverdadero es un espacio que da cobijo a quienes nos movemos en ese fútbol modesto. La verdad es que somos tan importantes para el fútbol como el resto, porque, si no existiera el fútbol modesto, tampoco existiría el fútbol de élite.
¿Cuántos jugadores y entrenadores se habrían perdido por el camino si ese fútbol no existiera? Y sí, creo que hacen falta más espacios que hablen del fútbol real. Pero considero que lo fundamental no es que existan lugares donde todo se presente de color de rosa y se explique lo que hay que hacer de una manera idealizada. Necesitamos espacios donde se mencionen los problemas a los que nos enfrentamos los entrenadores del fútbol modesto, como la falta de recursos, y donde también se planteen posibles soluciones.
Y terminamos con una pregunta muy personal. Después de 25 años, de todos los sacrificios, momentos buenos y malos y de todo lo que has vivido… ¿seguirías eligiendo el mismo camino? ¿Y cuál es el sueño que todavía te queda por perseguir?
A ojos cerrados volvería a elegir el mismo camino. Porque era la ilusión de mi padre y porque ha significado un continuo proceso de superación personal frente a tantos prejuicios.
Sé que estoy en los últimos coletazos de mi carrera como entrenador. Hasta el año pasado pensaba que seguía en esto únicamente por hacer un favor, pero sí, todavía tengo un último sueño como entrenador.
Me gustaría que un club muy humilde, como el CD Pinsoro, de Segunda Regional Aragonesa, consiguiera asentarse en una posición estable dentro de la categoría después de atravesar una temporada muy difícil, la 2025-2026, marcada por una profunda transición.
Mi sueño es conseguirlo esta temporada. Después, me sentaré con mi familia para reflexionar y decidir si este es mi último baile.

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